Estreno de playa para perros e indignación vecinal.

El controvertido espacio para perros en la playa de Llevant de Barcelona se estrenó el pasado 19 de julio ( casi un mes más tarde de lo prometido) con algunos retoques todavía por dar, pocos perros, vecinos indignados y mucha expectación mediática. Perros, pocos. A media mañana, media docena, y curiosamente, dueños-bañistas llegados de toda Cataluña (Vic, Terrassa, Sabadell) y del extranjero: ¡Andorra!

Los vecinos enfadados critican que para los perros se esté habilitando un acceso y se hayan instalado duchas, una fuente de agua potable y urinarios. Casi que solo les falta una alfombra roja, dicen; cuando el entorno reivindica desde hace años una pasarela para que los discapacitados puedan llegar al agua. Las asociaciones de vecinos del entorno aseguran que vigilarán de cerca que la playa no cause molestias. El Ayuntamiento responde que es una prueba piloto hasta final de verano.

La playa, delimitada por una valla de madera, ocupa sólo 1.200 metros cuadrados de los más de tres kilómetros del litoral de la ciudad. Pero, pese a las dimensiones y el aforo limitado a 100 perros, la polémica está servida. Las dos alegaciones que ha recibido (y desestimado) el consistorio resumen la polémica: las entidades animalistas querían más extensión de playa para perros, y los vecinos los habrían ubicado fuera de la zona de baño, en la losa donde debía ubicarse el zoo marino. El Ayuntamiento insiste en que “la mejor manera de ver si hay problemas es haciendo la prueba piloto”, en palabras de la comisionada de Ecología, Eva Herrero.

La indignación de los vecinos se puede resumir en la voz de Carmen Palacios, que vive en la Diagonal. “Estoy in-dig-na-da”, decía. Hace 30 años ya le pedía al socialista Narcís Serra una pasarela de madera para su hijo, discapacitado. Recuerda que las abuelas de la playa también piden un paso para salvar el desnivel. “Y nada, en cambio, los perros, mira”, se enfadaba. También se mostraba convencida de que la playa de los perros ha acabado en una punta del litoral porque el público es más humilde. “¿Por qué no la ponen a la Vila Olímpica, eh? Allá la gente tiene mucho dinero!”, exclamaba.

Mientras tanto, la mayoría de los bañistas con perro estaban contentos; algunos más que sus perros, que no se querían bañar. En cambio, Fausto Payá, que acudió a ver la novedad desde Sabadell, mantenía que la nueva playa “es pequeña, peor que un pipican. Dijeron que se haría de espigón a espigón”. Además del control de acceso y el refuerzo de limpieza, en el espacio también hay una empresa contratada por el Ayuntamiento para hacer una auditoría de cómo funciona.

vía @el_pais

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